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Reflexiones después de un día sin móvil

 

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Hace dos semanas nuestra profesora de español nos habló de un artículo que había leído acerca de la dependencia actual de los jóvenes y de los adultos a los móviles. Mi clase y yo decidimos intentar vivir un día sin móvil para comprender efectivamente si somos dependientes. Por supuesto, una restricción necesaria del experimento era no decirle a nadie que no habríamos tenido el móvil.
Era un lunes y como todos los días me fui a casa de mi vecina Valentina para ir a la escuela en scooter con ella. Hasta ese momento todo bien, me había despertado con un viejo despertador que tenía en mi cajón y en el trayecto desde mi casa hasta la casa de mi amiga había escuchado la música de mi iPod.
La cita era a las 7.30, pero cuando vi que habían pasado cinco minutos  y  Valentina todavía no estaba imaginé que quizás no se encontraba bien y me había escrito un mensaje que no había podido leer. Decidí esperar otros 5 minutos, hasta que la madre de Valentina salió del portal y me dijo que su hija tenia fiebre. Eran la 7.40, y no me era posible llegar a tiempo a la escuela, entonces cogí el primer bus que basaba y empecé a pensar en el mejor trayecto para llegar pronto. En esta situación fue terrible no tener mi móvil, porque tengo las aplicaciones del los autobuses y trenes; en una situación normal habría mirado si pasaba a corto plazo un tren y en caso contrario habría cogido el primer autobús que pasara. Finalmente decidí dirigirme a la estación y  después anduve hasta la escuela. Entré con una hora de retraso.
Durante las clases no fue un peso no tener móvil, por que en general no lo utilizo demasiado, pero noté que a veces sin darme cuenta miraba en mi mochila para buscarlo, de hecho es una acción que hago involuntariamente, como para estar segura de que mi móvil todavía esta conmigo y no se ha ido con sus piernas imaginarias.
Durante la pausa para comer me fui con mis compañeras al parque donde nos vamos cada lunes, pero por primera vez me di cuenta de que todas utilizamos muchísimo el móvil mientras comemos, al mismo tiempo que hablamos entre nosotras. Llegué a casa a las 17.15 y a las 18.20 tenía que entrenarme. Generalmente a esta hora mientras meriendo miro Facebook e Instagram, sin embargo esta vez hice los deberes de matemáticas para el día siguiente y leí 20 páginas de un libro.
El momento mas difícil del día fue después de la cena. Porque generalmente me ducho, como y por último me acuesto y chateo con mi novio o mis amigas. Para evitar cualquier tentación me puse una película en el ordenador, pero cada diez minutos me revolvía hacia mi mesita de noche como para controlar si alguien me había escrito, olvidándome de que, en el caso, no habría podido verlo. Terminada la película apagué mi ordenador y me quedé dormida.
Para concluir, quiero decir que esta experiencia me hizo comprender que, no obstante podría vivir sin móvil, ahora es parte de mi vida y por muchos lados me ayuda en mi cotidianidad. Por otra parte,  he reflexionado en todas las horas que he perdido, pierdo y perderé mirando esta pantalla  sin hacer nada constructivo. Pero a mi juicio, si se utiliza con un poco de cabeza, el móvil puede realmente simplificar la vida de las personas, aunque siempre les hará perder tiempo. La astucia es conseguir  ganar mas tiempo con las aplicaciones útiles del móvil del que se pierde con las fútiles.

Margot Maggioni


Necesito decirlo: no ha sido fácil, ¡para nada!                                                                                
Intenté vivir sin mi celular el lunes pasado y, ya por la mañana, me di cuenta de que mi vida depende completamente de este aparato polifuncional. Lo más interesante de esta experiencia ha sido constatar cuántos usos diferentes tiene mi celular en mi vida diaria.   Vivir un día entero sin usarlo ha significado, entre otras cosas:
  1. perder el tren que tomo usualmente, ya que sin la alarma de mi celular me desperté 15 minutos más tarde de lo normal;
  2. tener que buscar un reloj, ya que no puedo vivir tranquilamente sin mirar la hora en cada momento;
  3. avisar a todos mis amigos de que iba a hacer esta experiencia, para no preocuparlos con mi ausencia digital;
  4. escuchar los discursos fútiles que hace la gente en los trenes, por la mañana y por la tarde, porque no pude escuchar mi música con los auriculares.
Pero no todo lo que ocurrió el lunes pasado fue negativo. Hay que admitir que también le encontré la otra cara de la moneda a esta situación: de alguna manera me sentí más libre sin mi teléfono. Me sentí menos atado al mundo virtual que, muchas veces, no nos deja vivir lo cotidiano y lo real como deberíamos.                                                                              
Creo que haber llegado a experimentar esta sensación es un paso muy importante, que capaz pueda hacerme empezar el tortuoso camino hacía un uso menos asiduo de la tecnología. ¡Ojalá sea así! En este caso, se lo contaré, profe.

Andrea Avino


Hoy en día, varias personas han decidido vivir sin móvil. Algunos lo hacen para ir contracorriente, otros para vivir en el pasado y los demás para disfrutar la vida al máximo.
¿Seríamos todos capaces de hacerlo? Por lo que me concierne, mi respuesta es no.
Hablando en clase de nuestras posibles vidas sin móvil, hemos decidido intentar hacer una especie de experimento: pasar un día entero sin teléfono.
Los “problemas” del día sin teléfono empezaron ya por la mañana, puesto que el único despertador que tengo es mi móvil. Me olvidé de pedirle a mi madre que me despertara al día siguiente y entonces tuve que posponer todo lo que yo tenía que hacer aquella mañana y aunque no fueran compromisos importantes, ya sentía la diferencia de vivir sin móvil.
Cada día, cuando me despierto, lo primero que hago es mirar el tiempo sobre mi teléfono inteligente y, por supuesto, aquella mañana no pude hacerlo y tuve que encender el televisor.
¡Es por todo esto que las primeras horas del día me arrepentí un poco de haber aceptado este “desafío”!
El resto del día lo pasé tranquila porque estaba con mi novio y él, junto a las redes sociales, es el motivo por el cual utilizo más el móvil. Sabía que, en caso de emergencia o necesidades, mis padres habrían contactado con él.
Aunque el día estaba transcurriendo bien, no podía evitar sentir que algo me faltaba.
Con el pasar de las horas, poco a poco, esta sensación se estaba acabando y al pensar en todas estas fases que estaba viviendo en mi día, casi me sentí como una drogadicta que deja de usar drogas.
Por la noche, todo había pasado y ni me acordaba de mi móvil porque pasé toda la noche en compañìa. Fue muy triste cuando durante la cena, por un momento, me di cuenta que yo era la única que no estaba utilizando su móvil.
Los resultados de este experimento no fueron dramáticos pero, si tengo que ser sincera, cuando estaba sola sentí mucho la ausencia de mi móvil.
Nuestra generación ha nacido y crecido con las nuevas tecnologías y por eso para nosotros es tan difícil apartarnos de nuestro móvil. Los utilizamos para cualquier cosa y sin ellos, a veces, no sabemos cómo hacer incluso las cosas más simples.
Por un lado, viviendo sin teléfono, te puedes dar cuenta de lo mucho que estás perdiendo al estar siempre conectado a él, pero, por otro lado, hacerlo un día fue suficiente porque el día siguiente, probablemente, habría cedido a las tecnologías.

Chiara Miglietta


Los móviles han transformado completamente la manera en que vivimos. No hay duda que sea así; el móvil ya no es una novedad, sino una necesidad que nos ayuda en nuestras vidas frenéticas. Además de hacer llamadas, los móviles ahora tienen la posibilidad de navegar en internet, enviar mensajes, jugar, sacar fotos, utilizar el GPS y el correo electrónico. Todas estas funciones hacen que nuestra sociedad, especialmente mi generación, dependa de estos dispositivos.
En cuanto a mí, raramente pierdo de vista mi móvil. Tengo un Huawei p8 Lite con un estuche de Pac Man un poco arruinado porque un día se me cayó inadvertidamente. Sin embargo, utilizo mi móvil cada día como despertador, para escuchar música, para mantenerme en contacto con mis amigos y familiares de una manera sencilla, para sacar fotos y para entrar en Facebook y en Instagram. Honestamente, es una parte importante de mi vida y me sentiría vulnerable sin él.
Sin embargo, por lo general, soy una persona muy independiente; por eso, no me gusta ser dependiente de alguien o de algo, sobre todo de un móvil. Entonces, muchas veces me pregunto “¿cómo sería un día sin móvil?” y después de nuestra clase sobre este tema comencé a preguntármelo aún más. Al principio, dejé de lado la cuestión porque pensaba no ser capaz de comprometerme con esa tarea. Pero al final reconsideré la pregunta y pensé que si hay personas en el tercer mundo que viven toda su vida sin utilizar un móvil, yo podía hacerlo aunque solo fuera día. Así que decidí no utilizar el móvil durante todo el sábado, 25 de marzo.
La mañana del 25 comenzó bastante mal, teniendo en cuenta que tuve que despertarme con un despertador del siglo pasado. Digamos que no estaba exactamente a la par con el despertador melodioso de mi móvil. Me levanté de la cama y me fui a la cocina para hacerme el desayuno y de repente me di cuenta de que mi madre no estaba. Era su día libre y no comprendía el porqué de su ausencia. Normalmente le habría enviado un mensaje pero recordé que no podía hacerlo y que habría tenido que esperar que mi hermana se despertara y eso no habría pasado antes de las once…
Después de haber comido, decidí salir para correr un poco. Dado que normalmente utilizo mi móvil para escuchar música, aquel día tuve que correr sin ningún tipo de canción. De hecho, fue muy difícil correr así porque sentía muy poca motivación y me parecía imposible mantener el ritmo. Por consiguiente, regresé muy pronto porque no lo estaba pasando tan bien como de costumbre.
Ya que tenía que estudiar para la “simulazione di terza prova” del lunes, pasé el resto de la tarde estudiando y el tiempo sin móvil transcurrió sin darme cuenta. En realidad, anoté algunas preguntas que se me ocurrieron y me dije que se las haría a mis compañeros el día siguiente; fue un poco frustrante pero no me resultó imposible.
A las 8.00 tenía que salir con mi hermano y mi padre para irnos al restaurante. Ellos tenían que venir y recogerme pero como llevaban retraso y yo no podía hacer llamadas, tuve que esperar sola por la calle… casi en la oscuridad. Después de diez minutos comencé a preocuparme y consideré la posibilidad de pedir el móvil a un desconocido. Pensé que en una situación normal, no habría tenido ningún problema, pero en ese contexto me sentía insegura y sola. Afortunadamente mi padre y mi hermano llegaron con quince minutos de retraso y la noche acabó siendo muy divertida.
En general, pude sobrevivir todo el día sin móvil sin problemas. Fue duro no poder enviar mensajes a mi madre ni a mis amigos, no escuchar música por la calle y no llamar a mi padre aunque lo necesitara. Pero aparte de eso, me di cuenta de que no necesito utilizar el móvil para poder llevar a cabo las actividades cotidianas. Decidí hacer esta experiencia el sábado a propósito, porque generalmente es un día tranquilo. Pero si tuviera que hacer todo esto en un día escolar, probablemente me resultaría mucho más difícil. Después de todo, disfruté mucho esta experiencia; me permitió hacer una vida más sencilla por un día y, sobre todo, me abrió los ojos para ver cómo nuestra sociedad es realmente adicta a los móviles.

Gaia Croce


El viernes 17 de marzo pasé todo el día sin utilizar mi móvil. Yo no me considero una persona que no puede vivir sin teléfono y he experimentado vivir sin él sin preocuparme. En efecto, no he tenido muchos problemas para “sobrevivir” sin mensajes, sin whatsapp ni llamadas. Pero tengo que admitir que un problema lo he encontrado: la hora.
Nunca utilizo un reloj y para saber qué hora es siempre confío en mi móvil. Antes de comenzar mi día no había pensado en este detalle. El problema más grande fue el autobús y sus horarios. El viernes empiezo las clases una hora después y por eso no sé de memoria cuándo pasan los dos autobuses que me sirven. No llegar tarde a la escuela ha sido complicado.
Durante todo el día no he sentido la necesidad de mi móvil, porque, incluso cuando puedo utilizarlo, intento no usarlo demasiado.Sin embargo, tengo que decir que, por ejemplo, algunas veces me parecía muy raro estar “aislada” del mundo, no poder saber lo que estaba pasando en mis grupos de whatsapp o si alguien me había llamado.
Decidí hacer este experimento el viernes sobre todo porque si algo importante hubiese pasado en el grupo de mi clase, habría podido saberlo antes de regresar a la escuela.
Al final quería decir que lo más raro que me pasó fue el día después, cuando encendí mi móvil. Me pareció no haberlo usado durante meses y todo era extraño: la pantalla, la luz, el fondo, los mensajes que había recibido (no eran muchos, no me gusta hablar con mis amigas a través de un móvil).
No sé por qué me pasó esto, pero imagino que, aunque no me juzgue una persona dependiente del móvil, mi cerebro está demasiado acostumbrado a él y no tenerlo durante un día ha sido inconscientemente angustioso.

Paola Grosso


El lunes decidí abandonar el móvil durante un día. Tengo que admitir que no fue muy difícil porque vivo cerca de la escuela y tenía 8 horas de clase, entonces no tenía una gran necesidad de utilizarlo. Sin embargo, ya me ocurrió tener que estar sin móvil durante días, por consiguiente puedo definir claramente cuáles son las mayores dificultades que encuentro cuando me privo del móvil. El mayor problema es la imposibilidad de consultar ideas o dudas en Internet y los horarios de los autobuses. La comunicación vía llamada y sobre todo mensaje no fue problemática porque normalmente no las utilizo. Además, muchas veces considero el móvil como una carga porque no me gusta el hecho de tener que controlar continuamente si lo tengo en el bolso, si alguien me llama, etc. etc., entonces cuando, por ejemplo, voy al campo, lo dejo en casa para sentirme totalmente libre.

Giulia Bigliani


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